Despídete del sofá: los 6 errores que tienes que dejar de cometer en teletrabajo

Si en los últimos meses te has tenido que enfrentar al teletrabajo, puede que te esté obligando a hacer malabares dentro de una burbuja en la que lo doméstico se mezcla inevitablemente con lo laboral. La nevera parece estar pronunciando tu nombre a cada momento y tal vez te asalten preguntas como “¿es este un buen momento para poner una lavadora?”. Para evitar esas tentaciones y hacer que esta modalidad de trabajo no se traduzca en un desbarajuste personal, te contamos los 6 errores que debes dejar de cometer.

1. No delimitar el espacio laboral del doméstico

Trabajar desde la cama o arropado con la manta en el sofá tal vez no sea una buena idea. Sacudirse la pereza con frecuencia requiere separar el espacio laboral del doméstico siempre que sea posible y, muy especialmente, no trabajar desde lugares que normalmente destinamos al descanso.

Para Laura, que trabaja para una compañía farmacéutica, el teletrabajo ha supuesto una reconfiguración de su espacio de trabajo. La nueva modalidad le ha permitido trasladarse durante un tiempo a Dinamarca y así poder pasar más tiempo junto a su pareja, que está instalado temporalmente en Copenhague. Explica que, desde el primer momento, sabía que tenía que separar la esfera laboral de la personal en términos de espacio: “Es muy importante tener un lugar delimitado para teletrabajar. En mi caso, durante la estancia en el país, alquilamos un piso con suficiente espacio para poder recrear en él un ambiente similar al de la oficina de Barcelona y así poder seguir con la misma rutina y horarios”.

Sin embargo, establecer esa distinción entre espacios es algo que para muchos es difícil. María, coordinadora de programas en una compañía de formación virtual, también cree que trabajar en una habitación distinta a la que usas para desarrollar tu vida personal es algo fundamental. Pero señala que no es algo al alcance de todos: “Hoy en día los jóvenes vivimos en pisos muy pequeños y no podemos tener una habitación únicamente destinada a trabajar. Es prácticamente imposible, tenemos las habitaciones justas para vivir”. La fórmula que ha encontrado ella es delimitar espacios en la medida de lo posible: el estudio-comedor para trabajar y la habitación para descansar y desconectar.

2. No desconectar

Teletrabajar no significa estar encerrado en casa, y mucho menos estar sentado frente al ordenador ocho o nueve horas seguidas. Dale la vuelta: tú eres quien gestiona tu tiempo, por lo que depende de ti encontrar la fórmula que mejor te encaje. Y esta debe incluir sí o sí ratos para desconectar. Sal a tomar el aire si sientes la necesidad, bajar a por un café, dar un pequeño paseo en busca de inspiración… Cuando vuelvas de nuevo a tus tareas, seguramente las retomes con más energía y desde otra perspectiva.

Y si eres de los que consideran que desconectar puede ser una tarea ardua en medio de la vorágine del día, tal vez lo único que requiera sea práctica. Para María, fue difícil pero no imposible. Durante la jornada laboral, siempre intenta encontrar el momento para evadirse unos minutos, por ejemplo, ir a comprar el almuerzo o simplemente salir un momento a la calle para despejarse.

También es importante desconectar al final de la jornada laboral: “Cuando acabo de trabajar tengo que salir de la habitación en la que estoy para cambiar de escenario. Y aunque después vuelva a ese espacio, necesito pasar un rato fuera para hacer el cambio de mentalidad”. Aunque reconoce que cuando intenta desconectar sin salir de casa es más difícil. Porque al final, despejarse se convierte en algo necesario, pero paradójico: “El fin de semana, por ejemplo, estás pasando el rato en el mismo lugar donde trabajas y es difícil cambiar el chip”, explica.

3. No seguir un horario o rutina

Esta es tal vez una de las partes más delicadas y difíciles de sostener en el tiempo. Si eres novato en el teletrabajo, puedes caer fácilmente en el error de hacer desaparecer la rutina que seguías antes. Y para trabajar desde casa de forma eficaz sigue siendo fundamental mantenerla: márcate una hora de inicio y fin de la jornada, que no se te peguen las sábanas por la mañana y que tampoco estés trabajando hasta la hora de cenar. La ausencia de una jornada de trabajo bien organizada puede generar desorden más allá de lo laboral.

María cree que hay quienes, por el hecho de estar en casa, trabajan bastantes horas de más: “Tengo compañeros que lo hacen y creo que es muy importante no trabajar de más simplemente porque estás en casa”. Lo ilustra con un ejemplo: “Si apagas el ordenador y a las dos horas recuerdas que tenías que contestar un correo, hay quien vuelve a encender el ordenador y da respuesta a ese correo. Yo prefiero no hacerlo, porque de la misma forma en que antes no volvías a la oficina a las 8 de la noche si de repente te acordabas de algo, ahora tampoco deberías hacerlo”.

4. No poner límites a las personas que viven contigo

Tal vez sigas trabajando en compañía, pero no de tus compañeros de trabajo, sino de las personas que viven contigo. Esto puede traducirse en interrupciones que hagan frenar en seco tu ritmo de trabajo. Lo que en la oficina solía ser una propuesta para hacer una pausa o una interrupción de un compañero, ahora se transforma fácilmente en “¡Mira, esta es la nueva canción del grupo del que te hablé!”, “¿Te vienes a desayunar?”, “Me voy a hacer la compra, ¿te traigo algo?”. Aunque lo más incómodo puede que sea cuando estas interrupciones coinciden con una reunión a distancia, en cuyo caso, seguramente hayas recurrido más de una vez a la alternativa más viable: silenciar la videollamada.

Si alguna de esas situaciones te resulta familiar, quizás haya llegado el momento de poner algunos límites a las personas con quienes vives. No hay nada malo en comentar que, pese a lo atractivo de sus propuestas, estas no te ayudan a mantener esa rutina que de por sí ya es difícil de seguir. Puede que incluso en esa conversación te sorprendas al descubrir que tú también puedes haber sido causa de distracción en algún momento, sin apenas darte cuenta. La empatía sigue siendo un valor en alza, también en tiempos de teletrabajo.

5. Rendirte a las distracciones

Al trabajar desde casa, tu disciplina y capacidad de autocontrol se ponen a prueba. Evitar que ese minuto rápido que ibas a dedicar a alguna red social se dilate en el tiempo casi sin darte cuenta o levantarte a visitar la cocina cada poco rato puede convertirse en un auténtico reto.

María admite que, hasta cierto punto, distraerse parece inevitable: “Como estás en casa, tal vez aprovechas y pones una lavadora o haces alguna que otra tarea doméstica”, explica. Aún así, reconoce que, cuando se enfrenta a un gran volumen de trabajo, lejos de distraerse a ella le sucede lo contrario: “Hay menos distracciones que en la oficina y trabajo más”. Los días que el trabajo se lo permite, reconoce que en algún momento sucumbe a la tentación de ir a picar algo o aprovecha para barrer la habitación, pero no considera que esos pequeños descansos domésticos sean algo negativo: “Al final, estamos compartiendo el espacio personal con el laboral, y es perfectamente normal que nos pasen este tipo de cosas”, explica.

6. No compartir tus inquietudes

Puede que te haya entrado un repentino brote de nostalgia y, para calmar la morriña, te hayas puesto a ver algún episodio de The Office. Echas de menos a tus compañeros e incluso las ocurrencias de tu Dwight particular. ¿Quién te lo iba a decir? El espacio de trabajo se ha reconfigurado y el aspecto social de la oficina se ha desvanecido de un día para otro.

Pero que no compartas un espacio físico con tus compañeros no significa que no debas seguir manteniendo el contacto con ellos. Las pausas para el café o incluso las cervezas a la salida del trabajo eran momentos perfectos para desconectar y también cumplían una función social (o incluso terapéutica). No renuncies a ellos: reconfigúralos para poder seguir sintiéndote motivado y arropado cuando lo necesites.

Fuente: Welcome To The Jungle

Imágenes: Freepik.com 

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